Sábado, Mayo 19, 2012

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UNIDAD ASISTENCIAL SAN VICENTE

“Apostamos de forma real y demostrable por la I+D+i”

María Jesús Sarasa, gerenteMaría Jesús Sarasa, gerenteLa Unidad Asistencial San Vicente nace en 1995 como centro monográfico especializado en el tratamiento neurorrehabilitador de personas afectadas por problemas cerebrales. Así describe el centro su gerente, María Jesús Sarasa.
La Clínica San Vicente es un Centro monográfico de Neurología, Neurofisiología y Rehabilitación Cerebral, con 16 años de andadura, que se dedica exclusivamente al tratamiento, evaluación, manejo e investigación clínica del daño cerebral adquirido, con una importante apuesta real y demostrable en I + D + i, de carácter exclusivo en España por sus peculiaridades.

Los tratamientos se aplican a personas que han sufrido una lesión cerebral por diferentes causas: accidentes de tráfico, laborales, accidentes cerebrovasculares, ICTUS, tumores, infecciones....

La lesión cerebral es un enorme problema socio – sanitario contemplado excepcionalmente hoy por hoy en el Sistema Sanitario Público en nuestro País. Sólo en la Comunidad de Madrid se producen aproximadamente 2.600 afectados graves cada año, siendo el número total de afectados en España de 130.000 en el 2008, de los cuales el 10% en edades comprendidas entre los 40 y 50 años. ( El ICTUS es la primera causa de mortalidad entre las mujeres en España y la segunda en el hombre).

Esta enfermedad desencadena un enorme sufrimiento y genera repercusiones a nivel personal, familiar, social, laboral y, por tanto, económico.

En nuestra Clínica disponemos de los medios asistenciales y tecnológicos para acoger a los pacientes afectos de un daño cerebral incluso inmediatamente después de su salida de las Unidades de Cuidados Intensivos. Así, contamos con una plantilla de médicos especialistas (Neurocirujano, Neurólogo, Internistas, Psiquiatra, Neurofisiólogo, Rehabilitador, Médico de familia) y de otras especialidades (Neuropsicología, Psicología, Pedagogía, Logopedia, Fisioterapia, Psicomotricidad, Terapia Ocupacional, Educación Especial), a jornada completa.
Así mismo, otra labor fundamental es la realización de Valoraciones médico – legales con informes detallados de las secuelas derivadas de procesos neurológicos. Estos informes se emiten por parte de los diferentes especialistas en función de sus exploraciones y de las pruebas complementarias de las que disponemos. Dentro de ellas, las Neurofisiológicas ocupan un lugar destacado al contar con un gran laboratorio tanto clínico como de investigación (EEG Convencional, Estudios de Sueño, Cartografía Cerebral,  Potenciales Evocados, Electromiografía, Estimulación Magnética Transcraneal Diagnóstica y Terapéutica).

En los últimos años estamos asistiendo a un incremento de la mortalidad postlesional con un ascenso proporcional de la morbilidad: “salvamos vidas a costa de déficit e incapacidades”. Sin embargo, el cortejo que rodea a la “fase aguda” de una lesión cerebral traumática, vascular cerebral o hipóxico-metabólica no se refrenda, en absoluto, a la salida de la Unidad de Cuidados Intensivos. Existe pues, una desproporción manifiesta entre lo aportado desde el punto de vista asistencial, tecnológico y humano durante el proceso inicial y la fase posterior que, prácticamente, se limita a permanecer en un servicio hospitalario, Neurocirugía, Medicina Interna, Neurología o Neuropediatría, hasta alcanzar una mayor estabilidad clínica antes del alta definitiva.

Las largas estancias en los grandes hospitales, donde se atienden a estos pacientes en la fase aguda, carecen de estructuras formales para la neurorehabilitación dificultando entonces, y limitando la respuesta neuroplástica del cerebro, que debiera ser acometida ya incluso desde las Unidades de Cuidados Intensivos; Se incrementan en consecuencia las secuelas finales y los costes económicos al aumentar su grado de dependencia.
 
Las consecuencias lógicas que se derivan del manejo actual de estos enfermos postcríticos son múltiples:

1. 
Mayor número de complicaciones médicas que se prolongan en el tiempo más allá de lo esperado.
2. 
Incremento innecesario de las estancias hospitalarias.
3. 
Aumento de las listas de espera para los ingresos hospitalarios.
4. 
Decalaje del inicio del tratamiento neurorrehabilitador.
5. 
Incremento en el número e intensidad de las secuelas.
6. 
Mayor dependencia para las actividades de la vida diaria, necesidad de supervisión de una tercera persona, con incapacidades permanentes asociadas.
7. 
Coste individual, familiar y social de alto tributo emocional “difícilmente cuantificable”.
8. 
Escasa implicación de los profesionales y de los directivos hospitalarios al no disponer ni unos ni otros de la posibilidad de derivación a Centros cualificados.

De no considerase una política sanitaria correcta y responsable, en cuanto a los planteamientos neurorehabilitadores y dada la mayor incidencia generada  al aumentar la esperanza de vida de forma progresiva y falta de control de los factores de riesgo en las personas jóvenes (Obesidad, drogas, sedentarismo, estrés, tabaquismo, hipertensión,..) asistiremos a unos mayores costes económicos intrínsecos directos (UCI y Hospitalización) e indirectos (pensiones de incapacidad, falta de productividad, sanitarios y sociales, emocionales…).

Como conclusión, hemos de decir que no se debe aceptar el “váyase a casa” sin contemplar un tratamiento neurorrehabilitador intensivo, individualizado y específico, esperando que la propia naturaleza nos devuelva nuestras facultades motoras, cognitivas y emocionales.

Salud y Belleza Madrid

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